¿Por qué decimos no al aborto? II: su práctica

Esperanza para la Familia siempre ha velado por el respeto a la vida. Definitivamente estamos en contra del aborto.

Esperanza para la Familia siempre ha velado por el respeto a la vida. Definitivamente estamos en contra del aborto.

El tema del aborto ha sido muy polémico; ha causado debates en muchos países. En algunos, ya ha sido legalizado después de haberlo llevado a la Suprema Corte de Justicia.

Con todo, sigue habiendo una gran polémica de parte de los grupos que lo consideran incorrecto. Éstos, están tratando de hacer entender a la población y a las autoridades, que el aborto no es legal; se han dado a la tarea de dar argumentos y presentar pruebas científicas para comprobar que el aborto no es más que un asesinato.

El nuevo ser que se forma en el vientre de una madre no es parte de ella; es un ser distinto. Tiene derechos; tiene que ser tratado y respetado como una persona.

Se han utilizado muchos argumentos para tratar de justificar el aborto; pero para poder hacer un buen juicio sobre si es correcto o no, es necesario tener la información de ambas partes.

Esperanza para la Familia siempre ha velado por el respeto a la vida. Definitivamente estamos en contra del aborto. Esto no es cuestión de fanatismo o de una actitud predispuesta; sino que, con base en numerosas pruebas y demostraciones científicas, nuestra postura es NO al aborto.

Muchos piensan que no se puede saber si la vida humana comienza antes del nacimiento. Sin embargo, hay evidencias científicas de que es en el momento de la concepción cuando inicia la vida humana; cuando el espermatozoide penetra en el óvulo y se forma el cigoto o huevo.

La vida comienza antes del nacimiento

En una ocasión, hubo un reportaje en un noticiero radial sobre unos niños que habían encontrado un basurero lleno de fetos; un hallazgo muy triste. Cuando los niños vieron esto, corrieron asustados hacia sus padres. En sus pequeñas conciencias estaba la certidumbre de que lo que habían visto eran pequeños bebés muertos.

En nuestras conciencias y forma de pensar natural, sabemos lo que es obvio. Para que una persona pueda cambiar su opinión hay que adoctrinarla, es decir, hay que enseñarle otro concepto.

Los niños saben perfectamente distinguir un bebé de un animal o cualquier otro tipo de ser. En este caso, los niños claramente identificaron que lo que vieron eran bebés muertos; lo cual mucha gente hoy no reconoce.

También las mujeres saben que la vida humana comienza antes del nacimiento. Cuando platicamos con una mujer embarazada nunca escuchamos que diga: “el montón de tejidos me pateó”. Lo que normalmente dicen es: “mi bebé me pateó”. Saben claramente que lo que se está formando dentro de ellas es un bebé, un ser humano.

Aún los médicos saben cuando comienza la vida humana. Al hablar con cualquier buen médico les dirá que cuando está tratando a una persona embarazada, tiene dos pacientes.

Por último, la sociedad también lo sabe. Los anuncios en los medios de comunicación urgen a las madres que están embarazadas a no tomar alcohol, fumar ni drogarse. ¿Por qué razón? Porque saben que esas sustancias dañan al bebé.

Qué irónico es encontrar sociedades en las que se condena a las mujeres embarazadas que fuman o se drogan. Pero en cambio, legalizan y el aborto. Qué contradicción tan grande.

¿Un ser humano en potencia?

Otro de los argumentos que a menudo se utiliza en favor del aborto es: “El feto puede estar vivo, pero también los óvulos y el esperma son seres vivos. El feto es sólo un ser humano en potencia”.

Tenemos que entender algo: el óvulo y el esperma son producto de otro cuerpo, a diferencia del huevo fertilizado. El óvulo y el esperma son dependientes del hombre y de la mujer. En cambio, el cigoto es el nuevo ser, es un ser que se empieza a desarrollar independientemente de la madre.

Es una falacia comparar a un bebé con un óvulo o con el esperma. El feto tiene vida propia y es genéticamente distinto. En tanto, el esperma y el óvulo no lo son.

Por otro lado, los restos del aborto indican el final de una vida real, no de una en potencia. En un aborto se extraen cada uno de los miembros del bebé; una manita, un piecito, la cabeza. Lo que queda sobre la mesa de cirugía son evidencias de que era un ser humano y que estaba vivo.

Algo no humano, no se convierte en humano envejeciendo o creciendo. Cualquier cosa que sea humana tiene que serlo desde el principio.

El doctor Thomas Gilger declara:

“Ningún cuerpo vivo puede convertirse en persona a menos que ya lo sea. Ningún ser vivo puede convertirse en algo diferente de lo que ya es en esencia”.

Muchos dicen que: “el no nacido no es una persona con vida significativa, pues mide sólo unos centímetros y ni siquiera puede pensar. Es menos desarrollado que un animal”. Los diccionarios definen “persona” como un ser humano, individuo humano, o miembro de la raza humana.

Somos humanos porque nuestros padres son humanos. Nuestra personalidad no depende del tamaño o grado de inteligencia, ni del desarrollo.

Un jugador de baloncesto, ¿es más humano que otro, que solo mide la mitad? Definitivamente no. Una persona que pesa 100 kilos, por el hecho de perder 25 kilos, ¿ha perdido un cuarto de su personalidad?

La clasificación como ser humano no depende del peso ni de la talla; tampoco está determinada por la capacidad intelectual. Si así fuera, alguien que está inconsciente podría ser asesinado inmediatamente por no ser un humano. Así no es como se clasifican las personas.

Valoremos la vida humana

A veces se compara a un nonato con un animal. Lo más triste es que a veces se considera más valioso un animal que un no nacido.

El científico y bioético llamado Peter Singer escribió sobre el “especiecismo”, que quiere decir: “valorar a los humanos por encima de los animales”.

Hace énfasis en que no tenemos porqué valorar más a los seres humanos que a los animales, y dice lo siguiente:

“Debemos rechazar la doctrina que coloca las vidas de miembros de nuestra especie por encima de las de integrantes de otras especies. Algunos miembros de otras especies son personas; algunas de la nuestra no lo son. Ninguna contribución objetiva puede dar mayor valor a las vidas de miembros de nuestra especie”.

También sostiene que:

“Si comparamos un infante humano gravemente defectuoso, con un animal, con frecuencia encontraremos que el no humano tiene capacidades superiores, tanto reales como potenciales, para la racionalidad, conciencia de sí mismo, comunicación y cualquier otra cosa que pueda ser considerada moralmente significativa”.

Este tipo de argumentos han sido aceptados en cortes en otras naciones. Es increíble, pero es una realidad. Se asevera que seres humanos dejan de serlo ante un perro o un cerdo, por causa de su discapacidad.

La pregunta real es ¿hay alguna razón para ver la vida humana más valiosa que la no humana? Nuestra sociedad siempre ha valorado a cualquier persona por encima de un animal.

El problema no es si los animales deben ser tratados humanamente. Por supuesto que si. Debemos entender que toda la creación tiene que ser cuidada por los seres humanos. Si los animales deben ser tratados humanamente; con mayor razón los humanos deben ser tratados humanamente.

Hay lugares donde la gente prefiere salvar a las ballenas. Pero, ¿y los niños? No importan. “Salve a las ballenas, mate a los niños”. Tal parece que ese criterio se está formando en nuestra sociedad.

Madre e hijo tienen los mismos derechos

Los derechos del ser humano son inalienables, no le pueden ser quitados. Por lo tanto, tenemos derecho a que se respete nuestra vida. Sin embargo, el aborto no toma en cuenta este derecho y detiene la vida, destruye a un ser.

Una persona que está a favor del aborto, cuando se encontró con la abrumadora evidencia de que el feto es un ser humano, hizo la siguiente declaración:

“Es cierto, los no nacidos son seres humanos, pero eso es irrelevante frente al tema del derecho de la mujer a practicarse el aborto”.

“El respeto al derecho ajeno es la paz”, dijo Benito Juárez. Es cierto, la mujer tiene derechos. Pero sus derechos no pueden pisotear los de otro.

Una persona escribió en uno de los periódicos más importantes de los Estados Unidos:

“Una mujer puede pensar de su feto como una persona o como simples células, dependiendo si el embarazo es deseado o no. Esto no refleja confusión moral, sino elección en acción”.

Esto es algo muy serio. ¿Qué es lo que determina si lo que se está formando en el vientre es un ser humano o un simple montón de células? ¿El deseo de la mujer? De ser así podríamos decir que si la mujer quiere al bebé, entonces es un ser humano; pero si no, es sólo un montón de células.

Este criterio no está basado en leyes, ni en normas morales. Está basado en el deseo individual de una persona, y cuando se anteponen los deseos se pueden violar todo tipo de leyes y normas morales.

Un bebé no tiene más derechos que su madre. Tenemos derecho no sólo a vivir, sino también a elegir el estilo de vida que queramos; siempre y cuando, esa elección no le quite los derechos fundamentales a otro.

A veces se compara la vida del bebé contra el estilo de vida de la madre: “la mamá tiene derecho a desarrollarse, a tener una carrera, terminar la universidad y por lo tanto, está bien que aborte al niño”. En ese sentido no se está comparando los derechos de la mujer contra los del niño, sino el estilo de vida de la mujer contra los derechos del niño.

Cuando nuestros derechos pisotean los de otros, no hablamos de una “sociedad justa”; sino de una tiranía. Tanto el niño como la madre tienen los mismos derechos; los de la madre no pueden estar por encima de la vida del bebé.

Una manifestación del amor más puro

El que uno ponga su vida por otros es una manifestación del amor más puro que pueda haber en el ser humano. Tener y experimentar lo que es poner la vida para que otros sean beneficiados, trae plenitud. Simple y sencillamente, se llama amor. Una persona que ama sabe negarse y hacer a un lado sus intereses, si es necesario.

Nuestra sociedad avala la forma de vida que te permite hacer lo que tú quieras, sin restricción. Y cuando una persona se atreve a alzar la mano para decir que eso no está bien porque perjudica los derechos de otros, no falta quien diga que es un atentado contra los derechos de libertad y de expresión.

Sin embargo, cualquier sociedad restringe al individuo la libertad de escoger, cuando afecta a otros. Todas las leyes restringen aquellas decisiones que pueden llevarnos a afectar a terceros.

Tener hijos es una decisión personal

“Cada mujer debe tener control sobre su propio cuerpo. La libertad de reproducción es un derecho básico. Que una mujer tenga hijos es una decisión personal”.

No todas las cosas que se hacen son correctas, tampoco todas deben ser protegidas legalmente. No son correctas cuando afectan a terceros. Y son ese tipo de decisiones las que deben ser restringidas.

Durante la esclavitud, los blancos creían tener derecho a esclavizar a los negros; sin embargo, estaban pisoteando los derechos de los esclavos. Por eso fue abolida y se determinó que, tanto los blancos como los negros, son seres humanos y tienen los mismos derechos.

Lo mismo pasó en la Segunda Guerra Mundial; los alemanes decían tener derecho sobre los judíos y terminaron matándolos. Uno de los peores genocidios de la humanidad.

El aborto es una decisión entre la mujer y su médico. No le incumbe a nadie más. Entonces, las golpizas que les dan algunos maridos a sus mujeres, ¿no le incumben a nadie? ¿Pueden golpear a sus esposas simplemente porque es algo personal, entre él y su mujer? Definitivamente no. Eso es abuso de poder; el más fuerte abusa del débil. Lo mismo sucede en el aborto. No, el aborto no incumbe sólo a la mujer y su médico.

Además, hay médicos que son excelentes; pero a la hora de tomar decisiones, no tienen valores morales. Que los médicos son capaces de emitir juicios morales profundamente incompetentes fue demostrado en la Segunda Guerra Mundial.

Robert J. Lifton, en su importante libro “Los médicos nazis: Asesinato médico y la psicología del genocidio”, evidencia como profesionales médicos, normales e inteligentes, apoyaron y participaron en crueles y mortales operaciones con chocante facilidad. Ellos eran el personal médico mejor entrenado en Europa, pero fueron fuentes pobres de orientación moral.

¿Y los padres?

Al hablar de bebés nos viene a la mente una pregunta, ¿y el padre? ¿qué acaso el padre no tiene participación en este tipo de decisiones?

Quiero leer la declaración de un hombre que incitó a su esposa a practicarse el aborto:

“Es su cuerpo, pero yo le había lavado el cerebro. Yo tomé todas las decisiones, y una vez que todo terminó, nunca volvimos a hablar del tema, mantuvimos nuestras bocas cerradas. Sin embargo, ella había dicho unas palabras realmente proféticas: ‘Vas a lamentar esto toda tu vida’. Yo le dije: ‘No’. Pero ella estaba en lo correcto. Nunca lo olvidaré. Nunca me perdonaré”.

¡Fui formado en el vientre de mi madre!

Quiero que veamos lo que dicen las Escrituras sobre la formación del ser humano dentro de la mujer, es un salmo de David:

Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.

No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.

Salmos 139:13-16

El rey David está haciendo una profunda declaración. Sin tener los avances tecnológicos que hoy tenemos, sabía exactamente lo que pasaba dentro del vientre de una madre.

Su conciencia y su observación le hacían entender que dentro de la mujer embarazada se estaba formando un ser humano, y que ese proceso era sumamente complejo. David estaba maravillado.

Cada persona que llega a esta tierra, Dios la ha enviado. No importa si tiene deficiencias, problemas, discapacidades o capacidades diferentes.

Las Sagradas Escrituras dicen que hay un propósito para cada vida, aún en las condiciones más adversas. Hay un propósito por el cual las vidas no son inútiles y no tienen por qué ser desechadas.

Nosotros tenemos todos los avances científicos y tecnológicos, ellos nos permiten admirar y maravillarnos de lo que David no pudo ver en su tiempo. Y lo único que han hecho es confirmar lo que dice la Escritura.

Algo que la sociedad hoy está perdiendo es que ya no se maravilla. Tal ves porque el embarazo y el nacimiento se sucede constantemente; tal vez hemos llegado a un nivel en el que ya no nos maravillarnos. Sin embargo, ver como se forma un niño en un vientre de una madre, sigue siendo una gran maravilla.

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