La paternidad I: ¿Qué es ser hombre?

La paternidad

¿Qué es la paternidad? Para hablar sobre lo que es ser padre debemos tener un concepto adecuado acerca de lo que significa la paternidad, para que ésta se pueda ejercer correctamente.

Pero antes es importante hacer una reflexión sobre el concepto moderno de ser hombre y de la masculinidad. Entendiendo esto podremos darnos cuenta por qué el papel que desempeñan algunos hombres deja mucho que desear y está muy distante de lo que es la verdadera paternidad.

El grave problema que tenemos para comprender correctamente la paternidad, es que la imagen moderna de hombre está distorsionada. Cuando se distorsiona esa imagen también se distorsiona el papel que el hombre desempeña como padre y entonces se ejerce inadecuadamente la paternidad.

Actualmente, ¿qué significa ser hombre? ¿Cuál es el estereotipo del hombre? El estereotipo del hombre moderno se fomenta por los medios masivos de comunicación de forma constante y frecuente; se presente un varón muy diferente a lo que realmente significa ser hombre.

Según el estereotipo moderno, ser hombre es ser una persona exitosa y de mundo, que tiene dinero y bienes materiales. Se le representa como alguien físicamente bien parecido y musculoso, que le interesa poco o nada lo moral y lo espiritual; como alguien interesado exclusivamente en lo material y que tiene muchos problemas morales, tales como infidelidad a la pareja.

Es decir, esta idea está completamente desviada de lo que se supone debe ser el hombre y el padre. La imagen y el estereotipo del hombre moderno es una mezcla de rambo seductor y empresario millonario y exitoso.

Un concepto muy distorsionado

Lamentablemente, el hombre ha mordido el anzuelo y busca esa imagen, olvidando cosas mucho más importantes para ejercer la paternidad, que tener grandes músculos y mucho dinero. Resulta que el varón crece en esta sociedad completamente materialista, donde importa poco lo moral y lo espiritual y no se prepara realmente para ser padre.

De pronto ya tiene edad para casarse y se casa, pero la idea con la que llega al matrimonio es la de ser millonario y seductor. Posteriormente vienen los hijos y tampoco está preparado para ejercer la paternidad. Ese es el fracaso actual de los varones, la razón por la que no pueden ejercer correctamente la paternidad.

Esto no es exclusivo de nuestro país, ni de la sociedad latinoamericana, sino que se está dando a nivel mundial; sin embargo, en nuestro país el hombre es identificado también con el alcohol, la irresponsabilidad y a veces la pereza. Todo esto conlleva una distorsión grave de la esencia de lo que significa ser hombre, y por ende, ser padre.

Es triste, pero es una desagradable realidad. El hombre no encuentra su posición y su verdadero papel que como hombre debe ejercer, y es llevado de error en error. Hay hombres que crecen en edad pero que nunca maduran, de hecho, en nuestro país muchas mujeres son más responsables y maduras que los hombres.

Por existir este tipo de valores y mala información, ampliamente difundidos en los medios masivos de comunicación, el hombre pierde dirección para desarrollar el papel que como padre debe desarrollar.

El hombre no sabe ejercer su papel de padre. La paternidad que se lleva a cabo en estos tiempos deja mucho qué desear. No sólo no se sabe ser padre, sino que tampoco se sabe ser esposo y por eso hay tantas crisis en los hogares de nuestra nación.

Cuando la familia no funciona

Algo está fallando en las familias, la estructura familiar no está funcionando correctamente. Las estadísticas muestran en nuestro país una tasa de divorcio increíblemente alta: el 40% de las parejas que actualmente contraen matrimonio, están terminando en divorcio después de algunos años. Esto se refiere únicamente a los divorcios legalmente establecidos, no a los matrimonios fracasados que se separan sin un divorcio de por medio.

Cuando la familia no funciona y los padres terminan separados o divorciados, vienen consecuencias graves sobre los hijos. Todos sabemos que los que más sufren en un divorcio son los que nada tienen qué ver con esos problemas: los hijos. Ellos sufren mucho cuando un matrimonio se separa o se divorcia y precisamente quienes más sufren son los hijos varones. Por supuesto que las hijas también sufren, pero el papel que desempeñan las madres cuando esto sucede es más rescatable que el papel que desempeñan los varones.

Es decir, el que más coopera para que las familias fracasen es el varón y no la mujer. Muchas veces la mujer tiene graves errores en la forma de ejercer su maternidad y su papel como mujer y esposa; sin embargo, el fracaso es todavía mayor de parte de los esposos.

Cuando el matrimonio fracasa y la familia se desintegra, los que más sufren son los hijos varones porque no tienen un estándar de conducta qué imitar. Habitualmente el padre se aparta de la familia y la mujer se queda al frente de los hijos.

Esto trae como consecuencia un círculo vicioso que pareciera no tener fin. El papá fracasó, el hijo va a fracasar porque no tiene alguien quien le enseñe a ser hombre y crece con la influencia de la televisión. La televisión y el cine enseñan violencia, alcohol y sexo; enseñan que el hombre debe ser fuerte físicamente, pero no le enseñan que debe ser fuerte moralmente y que su carácter fuerte debe enfocarse en ayudar a los demás, en tener valores por los cuales vivir.

¡Qué triste es que papá no esté en casa para enseñar lo que es correcto y para quitar lo que no es correcto!

Se dice que para ser un hombre de éxito se debe se violento, beber alcohol, tener sexo, poseer grandes músculos y enormes cantidades de dinero. Ese es el panorama que tenemos sobre la masculinidad en el mundo moderno. Pareciera que el hombre no sabe pensar, que basa su autoridad en la violencia, en la fuerza física o en un autoritarismo y no en la razón, en el argumento, en el servicio y en el amor. Es una distorsión total y completa de la masculinidad y de lo que significa ser hombre.

Esto se vive ampliamente en los países latinoamericanos. Ser hombre significa ser macho. Ser hombre es no tener amor, ni paciencia; es no ser fuerte para pararse por principios correctos, servicial, ni amable. Ser hombre significa tener fuerza física, beber alcohol y gritar para que todo el mundo obedezca.

Al distorsionarse este concepto, no se puede ejercer adecuadamente la paternidad. No es de extrañar que el hombre no sepa ser padre, ni ejercer la verdadera paternidad.

Llamado a ser líder de la familia

El hombre está ligado a ciertas características que su propia naturaleza de hombre le implican y que le hacen diferente de la mujer. No me refiero a que alguno de ellos sea mejor que el otro, sino que son diferentes física, hormonal y emocionalmente.

La mujer tiene ciertas características propias de su sexo y el hombre tiene las suyas. Hay que entenderlas y saber compaginarlas para que una pareja pueda funcionar adecuadamente. Si el hombre está consciente de lo que como hombre debe hacer, y la mujer está consciente de lo que como mujer se espera de ella, los hogares podrán funcionar de manera más adecuada y correcta, de otra manera habrá muchos conflictos que bien podrían evitarse.

Por ejemplo, el hombre está ligado a un papel de liderazgo al cual tiende de manera natural; es normal y cualquier estudio médico en la materia confirmará estas palabras. Los niveles de testosterona, la hormona masculina, le dan cierto carácter e impulso a buscar el liderazgo en cualquier momento y circunstancia.

Lamentablemente, ese liderazgo que naturalmente hay en el hombre no se ejerce o se ejerce de forma incorrecta o inadecuada. Me refiero a que ese liderazgo se utiliza en ocasiones para fomentar un autoritarismo irracional, fuera de contexto. El hombre cree que es líder porque grita, porque tiene la fuerza física, porque es quien tiene el dinero.

El verdadero liderazgo debe estar basado en el servicio, amor, prudencia y sabiduría para guiar un hogar. Por otra parte, a veces el hombre no ejerce ese liderazgo porque le falta el contexto de autoridad moral para ejercerlo. Muchas veces el hombre se gasta el dinero en el alcohol, no cumple con su trabajo o no provee en lo económico y es tan irresponsable en su forma de ser que le resta autoridad moral para ejercer el papel de líder.

Le es más fácil no ejercerlo para no comprometerse moralmente con su familia, le es más cómodo dejar su papel de líder para seguir en una vida desordenada y no comprometida. Prefiere no amar, simple y sencillamente.

Para ser líder se necesita amar, pero ¿a qué amor me refiero? Al que sabe servir y ayudar, ser amable y trabajador. Ese es el amor que se espera de cualquier hombre en el contexto familiar, es lo que le da autenticidad al liderazgo a que está llamado a ejercer dentro de la familia.

Es importante que los hombres entiendan que ese liderazgo debe estar basado en el servicio y en el amor y no en el autoritarismo, la fuerza física o la manipulación. El hombre está llamado a ser líder con el fundamento de servir y amar a su familia.

El proveedor del hogar

Algo inherente al hombre es que tiende a ser quien lleva la provisión, quien ve por los suyos. En todo el mundo el hombre es fuerte y esa fortaleza física debe enfocarse en trabajar para proveer para los suyos las necesidades del diario vivir.

Llama la atención que en un país donde hay muchos machos, se les acuse de ser perezosos, flojos e irresponsables. La fuerza que Dios ha puesto en el hombre debe emplearse para desempeñar ordenadamente un trabajo todos los días. Por eso es que Dios hizo al hombre con cierta capacidad y resistencia física mayor que la mujer.

En muchas naciones esto se comprende perfectamente y se espera que el hombre sea productivo, responsable y trabajador, que con su trabajo diario lleve el sustento al hogar. Esto se espera naturalmente de cualquier hombre en cualquier parte del mundo.

Ser macho no es ser hombre. El macho es quien golpea, grita y alardea que puede tener varias mujeres, pero ser macho no significa ser hombre. La fuerza que naturalmente el hombre tiene debe emplearse precisamente en su trabajo o profesión. Esa fuerza tiene qué ver con la capacidad de servir y proveer para los suyos.

Entonces, el hombre debe ser una persona responsable en su propia vida y para con los suyos. Eso es lo naturalmente esperable en un hombre.

La capacidad de razonar y reflexionar

La reflexión es algo que debe caracterizar a cualquier hombre en cualquier parte del mundo. No quiero decir que la mujer no pueda ser reflexiva, por supuesto que lo es. Pero la ciencia médica ha demostrado contundentemente que el cerebro del hombre funciona de forma diferente al de la mujer.

Se ha observado y se ha concluido que el cerebro tiene diferentes centros de los que dependen determinadas funciones, por ejemplo, cuando el hombre está bajo cierto grado de estrés, el área del cerebro encargada del pensamiento reflexivo funciona independientemente del área de los sentimientos. En otras palabras, al hombre le es sencillo, en un contexto de estrés o ansiedad, hacer a un lado los sentimientos y tener una mente más clara para resolver ciertos problemas.

En cambio, los estudios científicos y médicos demuestran que cuando la mujer tiene el mismo grado de ansiedad y estrés, el centro del pensamiento reflexivo se combina frecuentemente con el de las emociones y los sentimientos. Por eso es normal que a la mujer se le complique más el pensamiento reflexivo bajo el contexto de estrés y que a veces emita juicios y pensamientos que son una mezcla de reflexión y emociones. A ella se le dificulta más tomar decisiones sobrias en momentos complicados.

Por lo tanto, del hombre se esperan pensamientos reflexivos y profundos, decisiones basadas en argumentos más sólidos que los emocionales. ¡Qué lamentable es ver que muchos hombres ya no saben reflexionar y pensar en las decisiones importantes de la vida! Más bien reaccionan bajo puros estímulos y emociones y han perdido ese valor que tienen como hombres.

Los medios masivos de comunicación han enseñado a los hombres a depender de sus emociones y no del pensamiento reflexivo. Por eso el hombre comete tantos errores en su matrimonio y en su forma de ejercer el papel de esposo y de padre de familia.

Al hombre se le antoja cometer adulterio y lo hace, porque basa sus decisiones en un sentimiento, en una emoción o en un momento de placer. Hace a un lado la capacidad que tiene de tomar decisiones más reflexivas y se vuelve una persona golpeadora o autoritaria, porque simplemente estalla y exterioriza sus sentimientos y emociones.

Pero, ¿dónde está esa capacidad de razonar y reflexionar? ¿Dónde está la capacidad de anteponer la razón a los sentimientos y emociones? El hombre está perdiendo su masculinidad, está perdiendo su natural capacidad de razonamiento que no quiere ejercer.

Los medios masivos de comunicación tienen mucho qué ver, han hecho que el hombre pierda la capacidad reflexiva y tome decisiones bajo el contexto emocional y emotivo. El hombre cada vez es menos varonil y más emocional.

¿Eres un padre de familia que estalla fácilmente? ¿Eres inestable emocionalmente? ¿Tomas decisiones fluctuantes, según tu estado de ánimo? Déjame decirte que estás perdiendo tu varonilidad. Tu masculinidad debería estarte llevando a una mente más sobria, más reflexiva y a un mejor raciocinio.

Estamos en tiempos donde se han entronizado las emociones, los sentimientos y los deseos, y donde la razón y la capacidad reflexiva se están perdiendo.

La responsabilidad más importante

Del hombre también se espera una responsabilidad en lo espiritual. En nuestros países latinos se ha delegado totalmente la responsabilidad de lo espiritual a las mujeres. Los templos están llenos de mujeres y los hombres están totalmente ajenos a las cuestiones espirituales.

Si nos ponemos a analizar otras culturas diferentes a las nuestras, el hombre es, en muchos casos, quien toma la responsabilidad de lo espiritual. Si analizamos la historia nos damos cuenta que era el hombre quien tomaba la iniciativa en las cuestiones espirituales. Si partimos de la idea de que Dios existe, lo cual evidentemente es cierto aunque haya muchas personas que les incomode, ¡cuán importante debe ser lo espiritual y nuestra búsqueda de Dios!

No podemos relegar esa obligación que se tiene como ser humano de buscar a Dios y entenderlo a través de la revelación de la Biblia y aún de la naturaleza, que nos habla de la existencia de ese Dios. Yo no puedo relegar a nadie esa responsabilidad que tengo ante Dios.

Esto no quiere decir que la mujer no sea responsable de su propia espiritualidad, pero el hombre es responsable de la suya propia y de enseñar esto en la familia. Si Dios existe, ¡cuánta responsabilidad tenemos ante Él!

¿Por qué el ser humano no se encuentra a sí mismo? ¿Por qué hoy está más vacío que nunca? ¿Por qué los jóvenes no encuentran dirección en su vida? ¿Por qué, aunque la ciencia ha avanzado mucho y se pueden lograr muchas comodidades, las familias se desintegran de forma dramática?

¿Por qué sucede todo esto hoy, que el conocimiento científico es tan grande? El hombre tiene la capacidad de poner satélites alrededor de la tierra, de enviar una nave al planeta Marte, de tener telescopios en el espacio a través de los cuales se puede ver a distancias increíblemente lejanas. ¿Por qué está más emproblemado que nunca, por qué es más violento que nunca?

Porque el hombre se ha alejado de Dios. Ha hecho a un lado su necesidad espiritual y solamente ve su necesidad material. ¡Qué triste realidad!

Lo que se espera del hombre

Entonces, se espera que el hombre no ignore sus necesidades espirituales, sino que esté consciente de ellas y busque solucionarlas. Algunos dirán: “No hay tales necesidades espirituales, solamente culturales o de ciencia”.  Otros se engañan diciendo: “Lo que la gente necesita en nuestro país es más educación”.

Sí se necesita más educación. El nivel educativo de nuestro país es de los peores, comparándose con otros países, pero es muy deshonesto decir que si se soluciona el problema educativo, económico o social, se va a solucionar el problema del hombre.

Hay un problema más profundo en el ser humano y es su necesidad espiritual. No se menosprecia el hecho de solucionar lo económico y la educación, pero si se soluciona eso y no se soluciona lo que es más profundo, se estará curando con liviandad y superficialmente la verdadera enfermedad de nuestro país.

Tenemos el ejemplo de países que han sido exitosos en lo cultural, como Argentina, que es un país muy culto y escasamente poblado si lo comparamos con el nuestro. Sin embargo, es un país que está en una profunda crisis social, económica y de otras índoles familiares. ¿Qué pasó? ¿Por qué la educación no solucionó esos problemas? Porque la educación en sí misma no es la solución. Se necesita una respuesta espiritual a las necesidades del hombre.

Otros países, como Estados Unidos, no tienen el problema económico y las personas tienen acceso a la educación. Pero ese país está viviendo una locura moral increíble, los muchachos llegan a la preparatoria con un rifle y matan a sus compañeros nada más porque se les ocurrió.

¿A qué se debe esto? Precisamente a que el mundo en que vivimos se ha vuelto groseramente material y ha abandonado lo espiritual. ¿Qué se espera del hombre? Que no ignore lo espiritual, sino que trate de encontrarle respuesta. La Biblia habla de esa necesidad.

Cuando hablamos de lo espiritual no nos referimos solamente a la responsabilidad que el hombre tiene ante Dios, sino también a la necesidad que el hombre tiene de Dios.

Ser hombre es una gran responsabilidad ante Dios, ante el mundo y ante nuestras propias familias. ¿Hay crisis en el hogar? ¿Hay crisis en la familia? Mucho tiene qué ver el concepto distorsionado de la masculinidad y de lo que significa ser hombre. El hombre ha perdido el sentido de la verdadera función que, como varón, se espera de él.

Al hombre lo han traicionado sus propios pensamientos y emociones, ha dejado el camino correcto de la verdadera masculinidad y está siguiendo un sueño, una irrealidad. ¡Qué grave distorsión de lo que significa ser hombre! Que Dios te ayude a comprender el papel que se espera de ti.

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