Cómo educar a los hijos II: ” La Enseñanza y el Ejemplo”

El amor, la disciplina, la enseñanza y el ejemplo de los padres, son los ejes básicos en la crianza de los hijos.

El amor, la disciplina, la enseñanza y el ejemplo de los padres, son los ejes básicos en la crianza de los hijos.

Introducción

A manera de resumen, hemos establecido en la primera parte de este programa que no se requiere mucho dinero, ni la mejor escuela para educar correctamente a nuestros hijos. Lo que realmente se requiere es un compromiso de los padres.

Mencionamos que es muy importante establecer fundamentos para educar a nuestros hijos de manera completa e integral. Hemos definido que educación no es sinónimo de expediente académico, sino que incluye otros aspectos, los cuales si no se completan no darán como resultado una educación adecuada como la que se requiere en nuestros días.

La educación correcta va a producir resultados definitivos que se van a traducir no solamente en que su hijo será una persona diferente en medio de esta generación, sino que podrá desenvolverse en cualquier ámbito y tendrá la posibilidad de influir en ese medio ambiente en el cual se desarrolla.

El fundamento más importante es el amor, pero también la disciplina. Estos dos fundamentos son necesarios para que nuestros hijos tengan una educación completa. Si nos quedamos solamente con el fundamento del amor y no consideramos la disciplina (que ya la mencionamos en la primera parte de este tema), ni los otros dos fundamentos que vamos a mencionar en esta segunda parte, no habrá una educación completa. El hijo crecerá sin entender que debe someterse a las reglas.

Estos cuatro fundamentos se complementan, no podemos desasociar uno del otro, debemos observar los cuatro.

La enseñanza en el hogar

El tercer fundamento es muy importante: la enseñanza. Esto significa mucho para los padres que tienen hijos pequeños, porque van a poder establecer cosas muy valiosas desde edades tempranas, pero también sirve para corregir muchas de las deficiencias que puede haber en su familia, si usted ya decidió que las cosas deben cambiar en su casa.

Los años que anteceden a los primeros años de escuela son los más decisivos y determinantes para inculcar aquellas bases que pretendemos establecer en nuestros hijos. Si hay un buen fundamento en estos primeros años podremos esperar que nuestros hijos aprovechen la enseñanza que se les imparte en la escuela.

Es importante enfatizar que en realidad ninguna institución de educación, por excelente que sea, puede realizar el trabajo que los padres deben realizar en casa. Estas instituciones son sólo apoyos en las áreas que, en muchas ocasiones, los padres no están capacitados para enseñar (conocimientos especializados, álgebra y física) y para reforzar lo que éstos ya han hecho en casa, en cuanto a la formación del carácter y el establecimiento de la personalidad: hábitos, valores y carácter.

De entrada nos damos cuenta que la educación debe empezar en casa; si comienza de manera adecuada, entonces habrá un aprovechamiento óptimo en la escuela. Tengamos claras las metas que nos hemos trazado para nuestros hijos. No debemos permitir que factores externos, como la televisión, revistas, películas, filosofías y modas, influyan en el carácter y la personalidad de nuestros hijos, sobre todo en las etapas tempranas, porque entonces la batalla que estaremos librando será mucho más difícil.

Ningún plan puesto en práctica en ninguna institución o escuela, por más especializada que sea, es sustituto de lo que los padres estamos llamados a hacer en la casa. Pero, ¿qué necesitamos enseñar los padres?

Un hombre de la historia, el Señor Jesucristo, habló acerca de que el conocimiento de la verdad es la mayor fuerza liberadora en la vida de cualquier persona y la verdadera libertad se produce cuando la persona hace lo que es recto, justo y verdadero. Esto sólo puede ser logrado si establecemos lo que hemos mencionado anteriormente: el fundamento del amor y de la disciplina.

El amor es el cimiento principal, de éste se derivan las reglas y la disciplina. La disciplina tiene que ver con el establecimiento de las reglas de la casa. Una vez puesto ese cimiento se puede empezar a enseñar. Es imposible adquirir conocimiento, atesorarlo, valorarlo, comprenderlo y llevarlo a la práctica, si antes no se han establecido estos dos primeros fundamentos.

¿Cómo y qué debemos enseñar a nuestros hijos?

Existen dos formas a través de las cuales podemos enseñar y ambas tienen su valor en el momento oportuno. En primer lugar, se puede estructurar un momento adecuado que puede ser planeado y organizado, podría ser una noche familiar, por ejemplo.

Esto se ha comenzado a implementar en algunas dependencias de nuestro país, con la meta de que este concepto pueda ser arraigado en un significativo número de familias. Es bueno asumir este modelo, ya que se dan oportunidades estupendas de compartir y convivir en un ambiente planeado y organizado, propicio para la comunicación. La gran tragedia es cuando solamente uno de los padres asume el compromiso y el otro no. Se requiere la participación de ambos padres.

En segundo lugar, se puede enseñar en tiempos no planificados. Estas son ocasiones espontáneas que los padres deben utilizar para enseñar a sus hijos. Los padres deben ser sensibles para usar estos momentos como una oportunidad de aplicar lo que los hijos han aprendido en la escuela o en la vida diaria.

Los padres deben aprovechar la espontaneidad y la curiosidad natural de sus hijos. En una ocasión, mi familia y yo íbamos viajando por una sierra donde había mucha neblina. Fue una ocasión especial para explicarles a mis hijos de dónde provenía la humedad y la lluvia. Fue un momento muy interesante.

A esto me refiero cuando digo que debe aprovecharse cualquier momento para enseñar. El padre debe aprovechar la oportunidad para hablar acerca de los deportes, las drogas, el sexo y todos esos temas que son necesarias, sobre todo con los hijos adolescentes.

Un ejemplo de una persona que utilizaba cualquier circunstancia para enseñar es el de Jesús. Él utilizaba las parábolas y otras enseñanzas para instruir en principios espirituales. También utilizaba cosas como el campo, el mar, los ríos, los árboles para enseñar principios importantes a quienes le seguían. Las mejores enseñanzas las concretó utilizando ejemplos de la vida diaria.

La formación de la personalidad y el carácter

¿Qué es la personalidad? Es la característica individual que distingue a una persona de las demás. Esto tiene que ver con el carácter, el cual tiene que ver con los hábitos que hayamos empezado a formar en nuestros hijos. Evidentemente, esto se puede lograr en base a las reglas que debemos haber empezado a poner en práctica en nuestra casa.

El orden en que hemos mencionado los fundamentos para educar a los hijos no es casual ni aleatorio. El amor es el principal, luego la disciplina y las reglas de la casa, y ahora la enseñanza.

En casa es donde se empieza a formar la personalidad. Cosas que en apariencia pueden ser muy pequeñas a los ojos de los demás, pueden empezar a generar la personalidad y el carácter de nuestros hijos. De cosas que parecen insignificantes, como el estar pendiente del aseo de sus dientes, de que se despidan antes de irse a dormir o de dar los buenos días a todos, va a depender que se forme la personalidad y el carácter de nuestros hijos, como seres con autonomía y responsabilidad.

Es imprescindible formar la personalidad, los hábitos y la disciplina en nuestros hijos. Esto va a ser invaluable en los propósitos y metas que tengamos para ellos. Debemos enseñar estas cosas que en apariencia son muy sencillas pero que trascienden de manera definitiva. Las personas que han sido criadas bajo estos principios desde pequeños son las  que hoy están en puestos de eminencia.

Hay que enseñar en lo práctico: sobriedad en el trabajo y minuciosidad al realizar las tareas. Sobriedad y minuciosidad son características que distinguen al buen trabajador. Cuando estos principios se establecen en casa a temprana edad, van a ir formando esa personalidad y carácter en nuestros hijos.

En los pequeños se puede empezar con el hecho de recoger sus juguetes y limpiar su habitación. Debemos impedir por todos los medios la holgazanería, lo cual podría exponer a nuestros hijos a asumir que merecen todo o que no es necesario hacer nada, ni esforzarse para conseguir algo. Esto crearía un mundo irreal, porque definitivamente no es posible sobrevivir sin esfuerzo y trabajo. Con el trabajo el niño aprenderá a apreciar lo que tiene y lo que es, además de aprender a respetar la propiedad y a las demás personas.

También hay que enseñar en lo práctico aspecto sencillos de la vida diaria, como los buenos modales, sentarse bien en la mesa a la hora de comer, usar los cubiertos, observar las normas de etiqueta y de hospitalidad, la pulcritud, el aseo y la generosidad. Estas cosas pueden estar observándolas por mes: un mes dedicado a los buenos modales, otro a la cortesía, etc.

Preparación para las etapas del desarrollo posterior

A medida que nuestros hijos vayan creciendo será importante darles razones del porqué de las normas en la casa y los motivos que se tuvieron para ponerlas. Los niños van a entender porqué los padres actúan de determinada manera y esto va a poner cimientos en la formación de sus convicciones personales.

Es importante que se respondan las preguntas que nuestros hijos hagan acerca del sexo o del nacimiento, por ejemplo. Habrá que dar razones de acuerdo a la edad que nuestros hijos tengan. Recordemos que la educación sexual debe empezar en la casa y nuestros hijos nos lo agradecerán.

Este trabajo no se hace en una semana. Es un trabajo arduo, que implica sacrificio y requiere la mayor atención de los padres. Pero si tenemos clara la meta que nos hemos trazado de educar correctamente a nuestros hijos, a medida que pase el tiempo veremos resultados, en la medida en que pongamos en práctica lo que estamos aprendiendo.

Si nuestros hijos se dan cuenta que lo que nos mueve es el hacer lo mejor para ellos, se sentirán agradecidos de que se hayan establecido estos fundamentos en sus vidas. A nuestros hijos les gusta que haya cosas nuevas y motivadoras, que les traerán algo bueno a sus vidas. Tal vez usted observa niños que en apariencia están muy felices, pero en el fondo desearían una familia donde hubiera estos fundamentos y este orden.

Dar razones a nuestros hijos adolescentes va a sentar las bases para que no se aparten de casa. A pocos jóvenes les gusta estar en casa. En la medida en que ponga en práctica estos principios, sus hijos desearán estar en ese ambiente que usted mismo habrá creado.

¡Tu ejemplo es más importante que tus palabras!

El cuarto fundamento que un padre comprometido con sus hijos debe establecer tiene que ver con poner el broche de oro en esa tarea que nos hemos propuestos, la más importante que todos los seres humanos estamos llamados a realizar: educar a nuestros hijos.

De este fundamento depende en gran medida el éxito de la educación de nuestros hijos. Sin este aspecto, todo lo que se estableciera se podría venir abajo y no tendría resultados adecuados. Nos referimos al ejemplo de los padres.

La psicóloga Aurelia Ramírez Castillo hizo una investigación muy interesante en una muestra de 200 alumnos de ambos sexos y de edades entre 5 y 18 años. Controló las variables independientes –sexo, edad y prácticas de crianza de los padres– para comprobar su efecto sobre una variable dependiente: los problemas de conducta.

Los resultados mostraron que las prácticas de crianza que utilizan los padres se relacionan con las conductas de sus hijos. Es decir, si había una práctica de crianza adecuada, los problemas de mala conducta disminuían; pero si había una práctica de crianza inadecuada, los problemas de mala conducta se incrementaban.

Nuestro ejemplo, como padres de familia, habla más que mil palabras. Sirve para construir o destruir a nuestros hijos. De nuestro ejemplo dependerá que lo que pretendemos realizar en nuestros hijos en cuanto a su educación sea eficiente o sea un fracaso.

Si se les preguntara a tus hijos qué tipo de padre es su papá, ¿qué responderían? Habría algunos testimonios positivos, pero habría más negativos. ¿Dirían sus hijos que su padre es el ejemplo que necesitan? ¿Han conocido la integridad y la honestidad a través de usted?

Cuando trabajamos con los adolescentes nos damos cuenta que la gran queja es que sus padres nunca tienen tiempo para ellos. Un muchacho decía: casi necesito hacer una cita para hablar con mi padre o mi madre. Muchas madres de familia pasan su tiempo frente a la televisión, viendo programas que no traen nada bueno para el alma. Otros jóvenes nos dicen: mis padres se están divorciando y eso me hace sentir muy triste. Este tipo de comentarios nos rompen el alma

¡Es hora de cambiar!

Hemos llegado al punto culminante de este tema, es el momento de reconocer en qué hemos fallado como padres, dependiendo del ejemplo que hemos dado a nuestros hijos. Si carecieran del ejemplo, ninguna de las prácticas que hemos mencionado antes podría tener resultados.

La idea principal es cambiar como padres, si realmente queremos algo nuevo y diferente en la educación de nuestros hijos. El ejemplo es sumamente importante para ellos. Los padres deben ser un ejemplo acorde con lo que profesan. Imagínese un líder de una empresa que habla a sus empleados acerca de la excelencia en la puntualidad y los beneficios de ser puntual, pero que no concuerda sus hechos con sus palabras. ¿Qué idea les estará trasmitiendo?

Así es con los padres. La hipocresía de sus vidas se hace evidente ante los ojos de los hijos. Es decir, viven de una manera en público y de otra en el hogar. Por ejemplo, si los padres quieren enseñar a sus hijos lo que es la humildad deben vivir de acuerdo a esa norma. De esta manera darían una idea correcta de lo que es la humildad y de cómo debe vivirse, respetando la individualidad de las personas y no considerando a nadie por encima de otro.

Este ejemplo correcto de la humildad creará en los hijos el concepto correcto, porque verán en su padre el modelo de lo que esto significa. Y ellos vivirán esa norma que aprendieron con el ejemplo de su padre.

Hemos dicho que los seres humanos somos tripartitos: espíritu, alma y cuerpo. Por lo tanto, debemos educar a nuestros hijos en estas tres áreas. Cuando hablo de espiritualidad no me refiero a que los padres deben ser religiosos, sino que la verdadera espiritualidad se manifiesta en las cosas que a diario se realizan de manera práctica en casa o en cualquier lugar. Puede ser desde el hecho de saludar a una persona, hablar con un vecino o limpiar la casa; la verdadera espiritualidad es hacerlo bien y de manera correcta

Si esto existe, los hijos aprenderán que ser espirituales. Ser espiritual no tiene que ver con estar metido una hora en un cuarto y salir con el rostro solemne o con los hombros caídos. Más bien, tiene que ver con crecer en el amor, la paciencia y el carácter adecuado para cada situación en particular.

Debe haber ejemplo también en el carácter y las actitudes. Nuestros hijos van a adquirir el respeto a cualquier autoridad si nosotros respetamos las cosas que en apariencia son muy pequeñas, por ejemplo, no tirar los papeles en la vía pública.

Si nuestros hijos no ven el ejemplo en nosotros ante situaciones como esta, les estaremos dando la idea de que hay algunas leyes o reglamentos que se pueden transgredir, que hay algunos otros que se pueden medio-obedecer y otros que sí se deben obedecer. Esto estará introduciendo en la mente de nuestros hijos la idea de que no es necesario obedecer a la autoridad.

¿Qué nos toca hacer?

Nuestros hijos deben ver en nosotros una fuente continua de estímulo. Un cumplido hace maravillas. ¿Qué significará para un niño que digamos que sus cuadernos son feos? Significa mucho y lo hará sentirse triste. Pero si lo estimulamos con frases como “¡qué bien haces el trabajo!” o diciendo “por favor” y “gracias”, podremos lograr milagros en nuestros hijos.

También debemos agradecer con palabras las buenas actitudes, haciéndoles notar que son buenas y provechosas para toda la familia. Así, nuestros hijos se sentirán agradados y motivados. Si queremos ser promotores de buenos ejemplos, habiéndolos puesto por obra primero nosotros mismos, debemos manifestar un interés genuino hacia nuestros hijos.

¿Por qué los hijos siguen siendo rebeldes y desobedientes? Porque no encuentran concordancia entre lo que los padres hablan y lo que hacen. ¿Qué pensarán nuestros hijos cuando nos oyen decir que debemos amar a los demás, pero nunca tenemos tiempo para ellos? Comenzarán a tener un profundo resentimiento hacia sus padres y pensarán que el ejemplo de sus padres no es importante.

Todo lo que hemos hablado en cuanto al amor, la disciplina y la enseñanza no serviría de nada si no asumimos el compromiso de ser ejemplo para nuestros hijos. ¿Cuándo hemos dispuesto tiempo para escuchar a nuestros hijos? ¿Por qué hay niños tan insensibles el día de hoy? Porque el padre no les ha enseñado lo que es ser sensible, ya que no está preocupado por ellos.

Otra cosa importante es que debemos cumplir lo que prometemos a nuestros hijos. El hecho de no cumplir la palabra que hemos empeñado puede ser motivo de grandes resentimientos en nuestros hijos. Así que, debemos ser padres de una sola palabra y entender que, por medio de las promesas que hagamos a nuestros hijos, podemos construir o destruir su confianza.

Si en este momento te das cuenta que tu ejemplo no ha sido lo mejor para tus hijos, que la violencia que ves en ellos no es sino un reflejo de lo que han estado viendo en tu comportamiento y que tu hijo tiene un resentimiento contra ti por algo que le hiciste, ¿por qué no haces un alto?

Ve y pídele perdón a tu hijo, da el primer paso y verás que vas a ganar la confianza y credulidad de tu hijo. Hablar con la verdad siempre es un ejemplo positivo que va a repercutir para toda la vida, tus hijos creerán no sólo por tus palabras, sino por el ejemplo que les habrás dado. Sé paciente, sé ordenado, sé cuidadoso primero tú, antes de establecer estos principios con tus hijos.

Para concluir este programa quiero citar las palabras de las Sagradas Escrituras, en el libro de Lucas 1:16 y 17 que dicen: “Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ello. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.”

Padre de familia, empieza a tomar decisiones hoy para que formes una generación nueva y diferente con tus hijos, ellos son a quienes esta sociedad puede usar en medio de tanta corrupción y degradación moral que estamos viviendo actualmente. Este país necesita modelos prácticos, vivos y reales. ¡Tú puedes ser ese agente de cambio!

Es necesario que voltees tus ojos a Dios, te entregues a Cristo y te conviertas a él con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, para que tus hijos puedan recibir la bendición y veas la diferencia en la educación que tú les estarás trasmitiendo.

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