Cómo educar a los hijos I: “El Amor y la Disciplina”

El verdadero amor y la disciplina es lo que nuestros hijos necesitan para crecer y desarrollarse de manera integral.

El verdadero amor y la disciplina es lo que nuestros hijos necesitan para crecer y desarrollarse de manera integral.

Introducción

Deseamos que usted y su familia se vean beneficiados con el tema que hoy vamos a desarrollar, porque es muy importante y tiene que ver con nuestros hijos. Este tema no es solamente para quienes tienen hijos en etapa de crianza o mayores, sino también quienes han decidido casarse o ya se casaron y desean iniciar “con el pie derecho” el matrimonio y posteriormente la educación de los hijos.

En la gran mayoría de los padres existe una preocupación, dadas las condiciones actuales en las que está viviendo esta sociedad. Es evidente que cada día se requieren mejores profesionistas, técnicos o especialistas en cada una de las áreas del saber. En ese sentido, es comprensible la preocupación de los padres, pues quieren que sus hijos puedan trascender.

Esto genera preguntas en los padres, tales como: ¿cuál será la mejor escuela para mi hijo? ¿Qué método debo usar para educarlos? ¿Estaré haciendo lo correcto en la formación de mis hijos? ¿Qué va a ser de ellos si yo no les doy una educación acorde a lo que se está requiriendo actualmente?

La mayoría de los padres quieren lo mejor para sus hijos y les desean una vida mejor y más estable en todos los aspectos. Este tipo de cuestionamientos vienen a la mente porque los padres relacionan educación con escuela. Pero la educación va mucho más allá del concepto escolar.

Para educar adecuadamente no se necesita tener mucho dinero, no se necesita la mejor escuela, ni las mejores ropas. Lo que se necesita en realidad es desear intensamente que a través del amor que nosotros expresemos a nuestros hijos puedan ser educados de manera conveniente.

Lo que nuestros hijos necesitan

¿Sabe usted que un hijo bien educado puede trascender notablemente? Así lo marca la historia. Si usted desea educar correctamente a sus hijos lo único que requiere es tomar la decisión de que sus hijos reciban la mejor enseñanza de su parte.

Seguramente usted entenderá que la educación no incluye solamente el aspecto académico. Esto significa que la educación va mucho más allá de la escuela, de hecho, nuestros hijos son mucho más que un cerebro que necesita ser cultivado para que obtenga las mejores notas en la escuela.

Educar a los hijos va mucho más allá de procurarles todas las satisfacciones que requiera su cuerpo para que se desarrolle de manera notable. Si queremos educar integralmente a nuestros hijos debemos verlos como personas con muchas necesidades, las cuales deben ser suplidas.

Todos los seres humanos somos espíritu, alma y cuerpo. De la misma manera, un padre debe educar el espíritu, el alma y el cuerpo de su hijo. Si entendemos esto no nos vamos a equivocar. El padre que ama a sus hijos va a valorar estos aspectos y a atender las diferentes necesidades que tienen sus hijos.

Por cierto, cada uno de nuestros hijos es diferente. Así como en la mano todos los dedos son diferentes y cada uno tiene una función particular,  nuestros hijos también son diferentes y únicos.

A lo largo del programa vamos a definir cuatro áreas en las que un padre cuidadoso deberá trabajar para lograr una educación integral en sus hijos, con el propósito de lograr una meta. Los padres debemos tener metas para nuestros hijos, porque de esa meta dependerá que se cumplan los aspectos que vamos a estudiar.

Esto un trabajo de largo plazo. Un día en el que no se eduque a los hijos es un día perdido que no se podrá recuperar. ¿Está usted dispuesto a correr esta carrera? Es una carrera ardua y difícil pero que a la larga trae impresionantes satisfacciones a la vida de los padres.

El cimiento de la familia

Lo primero que el padre debe hacer es establecer un cimiento sólido, si no lo tiene será muy difícil que logre alcanzar las metas que tiene. Ese cimiento es el amor. El escritor Josh McDowell dice que “sin este cimiento nuestras vidas son, en el mejor de los casos, incompletas y en el peor, desesperadas”.

Si usted no establece este cimiento desde el principio su hijo será una persona incompleta, en el mejor de los casos. En el corazón de todos los seres humanos existe el deseo de amar y ser amados. Para entender esto habrá que quitar la idea de que el amor es sólo lo relacionado con el aspecto sexual.

Medita en esta pregunta, ¿realmente amas a tu hijo, de tal manera que siempre le darás lo mejor? ¿Lo vas a amar incondicionalmente? ¿Te vas a dar por él siempre? ¿Juzgarás sus actos con justicia?

De entender estas preguntas dependerá que podamos amar a nuestros hijos. El amor hacia ellos es como el aceite a la maquinaria. Cuando a una máquina le falta aceite no funciona bien y tal vez impida el funcionamiento de otro proceso. Sucede lo mismo en casa; sin el amor necesario hacia los hijos, el hogar no va a funcionar correctamente.

Un padre que desea lo mejor para su hijo lo acepta desde el principio tal como es y establece una especie de pacto con él: “siempre voy a hacer lo mejor para ti”. Si tú no le das lo mejor, te estás conformando con algo menos que nada. Un padre siempre va a buscar lo mejor para el alma, espíritu y cuerpo de su hijo.

Si yo deseo lo mejor para mi hijo, debo cuidar algunas cosas que están por debajo de lo mejor, por ejemplo, los programas de televisión que enseñan actitudes de rebeldía. Así que, si yo deseo lo mejor para mi hijo no voy a permitir que él vea esos programas.

Si hay diversiones que están por debajo de lo mejor, yo voy a escoger sólo las que le dejen algo bueno. Lo mismo en lo referente a las amistades y a cualquier otro aspecto. La pregunta que debería hacerse para identificar qué es lo mejor para su hijo podría ser: ¿Qué provecho, para los propósitos que yo tengo para mi hijo, le traerá X circunstancia? ¿Lo hará ser mejor o no le va a redituar en nada provechoso?

Educando con el amor y el ejemplo

Si yo he decidido amar a mi hijo, lo voy a aceptar incondicionalmente. Un padre no va a dejar de amar a su hijo, mucho menos lo va a odiar, porque se haya portado mal o lo haya hecho pasar una vergüenza. Un padre va a amar a su hijo no por los sentimientos o emociones que eventualmente podría experimentar, sino por la decisión y el pacto que hizo con él.

Ese amor no va a estar gobernado por las emociones, los sentimientos o los impulsos egoístas. No habrá rechazos aún cuando los hijos cometan faltas o se rebelen. El padre siempre buscará la mejor manera de corregir a su hijo.

Un hombre del siglo XIX, profundamente conocer de la naturaleza humana, llamado Andrew Murray escribió muchos libros acerca de cómo comprender la naturaleza humana y el porqué de las conductas. Él escribió: “Nuestros hijos siempre deben oírnos hablar de otras personas, amigas o enemigas, de un modo que ponga de manifiesto que no les guardamos ningún resentimiento, casi que les amamos.”

Las palabras que un padre hable delante de sus hijos pueden hacer que ese hijo tenga sentimientos nobles aún hacia aquellas personas que no han sido favorables para él o para la familia. Es decir, en la educación a nuestros hijos debe ir implícita una muestra palpable de amor, que se manifiesta en las palabras del que habla.

Debemos aprender a usar palabras que no corrompan a nuestros hijos. Muchos padres no dicen maldiciones pero sí expresan ideas que corrompen el alma de sus hijos, que son como dardos que se incrustan. El amor a nuestros hijos se muestra aún en las palabras.

De la misma manera, si amamos a nuestros hijos aprenderemos a darnos por ellos, a prestarles tiempo y atención. La pregunta para usted sería: ¿aparta usted tiempo para oír a sus hijos? ¿Toma tiempo para estar con ellos?

Tal vez ahora entendemos que nuestros hijos no nos escuchan porque nosotros no prestamos atención a lo que ellos nos dicen. Esta práctica requiere tiempo y esfuerzo, sacrificio y amor; sin embargo, con esta actitud usted estará enseñando a sus hijos lo que significa el verdadero amor, que no está gobernado por emociones o sentimientos.

La atención es una expresión de amor. ¿Abraza usted a su hijo? ¿Lo arropa cuando está en la cama? Usted no sabe lo mucho que significa para un hijo estas muestras de afecto. Una muestra de amor de este tipo puede cambiar completamente algunas actitudes de los jóvenes, ya que ellos se dan cuenta que realmente a sus padres sí les interesan.

Acepta a tu hijo tal como es

Es bueno considerar el conocimiento, pero lo más importante es aplicarlo. Una persona no debe volverse sólo un oidor de consejos, sino que debe ponerlos en práctica y las cosas comenzarán a funcionar. Los principios que hemos mencionado no son válidos porque los digamos nosotros, sino que han afectado la historia de la humanidad para bien y han funcionado.

Muchos padres deseaban tener un varón y tuvieron una niña o viceversa, lo cual muchas veces se traduce en una especia de rechazo. Esa actitud debe ser corregida de raíz, sino todo lo que se haga será en vano, porque no estará ese cimiento en el que se puede edificar la vida.

Algunos comportamientos extremos de los jóvenes han sido generados por esto. Dentro del amor, un aspecto muy importante es la aceptación. Usted tiene dignidad por ser quien es, sea como sea, es digno y tiene un valor. De la misma manera cada uno de nuestros hijos es valioso y debemos aceptarlo tal como es.

A los padres nos encantaría que nuestros hijos fueran iguales a nosotros o que estudiaran la misma carrera. Deseamos lo mejor para ellos, lo cual no es malo en sí mismo. Pero si usted no lo acepta tal como es, siempre va a estar distinguiendo los rasgos que son diferentes a los suyos. A los hijos les encanta agradarnos y tal vez por eso estudiarán la carrera que nosotros les sugerimos, pero en el fondo habrá una falta de realización en sus vidas.

Aquí quiero aclarar que aunque hemos estado refiriéndonos a “el padre” nos referimos a los dos, papá y mamá, como parte fundamental en la educación de los hijos. El papel del padre es muy importante en la educación de los hijos, pero no por eso vamos a desvirtuar el papel de la madre, que también es de suma importancia.

La disciplina en el hogar

Una estadística de los Estados Unidos muestra que cada año dos millones de niños son maltratados por uno o ambos padres, o por otro familiar. De los dos millones de desamparados, 500 mil son menores de edad. Decenas de miles de estos jóvenes se han fugado de sus hogares, huyendo del abuso físico o emocional.

El maltrato infantil no es solamente violencia física, sino también verbal, a través de las palabras, del menosprecio, del abuso sexual, en fin. Sea cual fuere, es necesario establecer la diferencia entre maltrato, que podríamos definir como “tratar duramente a una persona para obligarla a hacer lo que no quiere”, y disciplina, que es el segundo aspecto que vamos a mencionar en lo referente a la educación de los hijos.

A diferencia del maltrato, la disciplina es un conjunto de reglas que rigen un cierto cuerpo o institución. Aplicándolo a la familia, la disciplina no sólo la rige, sino que es aceptada por los miembros, quienes se sujetan a ella. El padre deberá establecer reglas acordes a las metas que tengan para sus hijos.

Quiero mencionar algunas ideas que podrían ayudar a establecer las reglas para regir un hogar y que podrían servir de modelo para las suyas. Desde luego, son sugerencias útiles que han funcionado, pero no son normativas. No pretendemos legislar los hogares, ni hacer que las personas asuman un comportamiento tal como el que vamos a mencionar.

Lo que usted establezca en su casa será diferente de lo que él pueda ver en la casa de algún amigo, pero es necesario que ellos entiendan que ustedes lo hacen porque es lo mejor para ellos. De esta forma ellos se sentirán seguros y entenderán que su casa no es como la casa de sus familiares o de sus amigos, sino que hay reglas que se deben respetar. Además, le va a mantener dentro de los límites aceptables.

Con respecto a las reglas del hogar, ¿qué cosas debes considerar para educar a tus hijos de manera adecuada? En primer lugar debemos entender lo que es la memorización de reglas. Tu hijo debe recordar cada regla para poder obedecerla. Es muy importante que exista una especie de reglamento.

Las reglas que usted establezca no deben ser demasiadas, sino que puede empezar con unas cuantas. Acerca de entender las reglas, nuestros hijos necesitan entenderlas claramente para poder aplicarlas y obedecerlas. Esto se logra explicando e instruyendo.

Reglas y consecuencias

Parte de ayudar al hijo a entender las reglas de la casa es grabar en su mente la consecuencia de violar esa regla. Como padres, ustedes deben decidir qué disciplina será la consecuencia de haber roto una regla de la casa. Es aconsejable que antes de que ocurra una violación a esa norma, usted ayude a su hijo a reconocer y recordar que habrá una consecuencia específica cuando se viole esa regla. Él debe entender que esto es justo.

De esta manera aprenderán ese principio tan valioso para la vida en sociedad. El día de hoy, si a una persona lo detiene un tránsito por alguna violación que cometió, no asume que ha transgredido la ley aunque sabe que existe esa ley. ¿Por qué se genera eso? Porque cuando era pequeño en casa no se establecieron reglas y consecuencias.

Es aconsejable que los hijos entiendan que cuando se transgrede una ley hay una consecuencia. Entonces, podrá ver la disciplina como una consecuencia de sus propias acciones, de una ley que él transgredió y no como si usted quisiera castigarlo o tuviera algún resentimiento hacia él.

Otro aspecto importante es que las reglas deben obedecerse. Nunca es bueno que su hijo reciba una consecuencia por desobedecer una regla que no entiende de manera clara y exacta. Lo que usted puede hacer es preguntarle continuamente si la entiende y pidiéndole que se la explique. De esta manera sabrá si realmente sabe lo que la ésta significa.

Las reglas de la casa deben ser para todos, para los adultos también. Es decir, usted estará sujeto a esa regla. Ese ejemplo de obediencia que usted les dé será la mejor muestra de amor que puede darle a sus hijos.

Tal vez nos parezca que las cosas en la casan están funcionando de manera correcta y que no es necesario establecer reglas que vayan a crear rebeldía en los hijos. Es importante remarcar que el padre va a establecer una regla si se requiere establecer reglas. No hay reglamento donde no se requiere corregir algo.

Actualmente se considera que no hay que castigar a los hijos, que hay que permitirles algunas cosas. Estas ideas provienen de un educador del siglo XIX, John Deway. Él consideraba que era necesario preparar principalmente a los estudiantes para que fueran eficientes en el trabajo y dejaba de lado el aspecto de preparar a los hijos para el futuro. Esto sugiere que los problemas que estamos viendo actualmente, derivan de la sociedad y del tipo de vida que llevamos; esta sociedad influencia a nuestros hijos para que se guíen por determinada norma de conducta.

Los hijos son lo que los padres les permitimos ser

Algunas ideas con las que podemos trabajar para que la disciplina se genere en casa son, por ejemplo, que los niños aprendan a comer lo que se les sirva, algo razonable desde luego; y que durante la comida se observen los aspectos fundamentales de cortesía.

Si usted permite que su hijo no termine de comer está estableciendo un principio: puedo comenzar muchas cosas, sólo si me satisface lo termino, si no me satisface, no lo termino. La mesa es un lugar muy importante para la instrucción y la formación de aspectos importantes como el agradecimiento. Si los niños no aprenden a dar las gracias, se vuelven quejumbrosos y creen que merecen todas las cosas y que nadie es capaz de decirles algo en contra.

Aprender a obedecer siempre es muy importante. Hay que cortar lo malo cuando apenas está empezando a desarrollarse en el hijo, ya sea una desobediencia voluntaria o una mala actitud. Habrá que llamarle la atención de manera directa y se requiere de constancia.

Una madre le llamó la atención a su hijo cuando estaban en el supermercado porque él quería caramelos. Ella se mantuvo firme en esa actitud y le recordó la consecuencia que iba a tener en casa. El niño se quedó tranquilo después de la reconvención de la madre, porque se dio cuenta que ella estaba hablando en serio y que iba a cumplir la consecuencia de esa desobediencia voluntaria.

¿De dónde brota la inconstancia de los padres? En muchas ocasiones, brota de la pereza y negligencia para corregir. Es más fácil dejar pasar por alto que tomar la decisión de corregir una desobediencia en el momento necesario.

Las Sagradas Escrituras hablan de un principio inmutable en 1 Juan 4:8 que dice: “El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”.

Este texto nos habla de las consecuencias de no amar; una persona que no ha conocido a Dios, en consecuencia, no ama. Cuando nos decidimos a conocer los principios de las Sagradas Escrituras comenzaremos a amar. Estos consejos son buenos e inmutables. Debemos atender principalmente lo que tiene repercusiones en nuestra alma. El amor verdadero y la disciplina es lo que necesitan nuestros hijos en estos días de decadencia

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