Cómo criar campeones I: “Educando e instruyendo a nuestros hijos”

Criar Hijos Campeones, te requerirá toda tu capacidad, toda tu inteligencia, todo tu esfuerzo, toda tu voluntad y todo tu amor de por vida

Criar Hijos Campeones, te requerirá toda tu capacidad, toda tu inteligencia, todo tu esfuerzo, toda tu voluntad y todo tu amor de por vida

Sigamos el ejemplo del atleta

     Cómo Criar Campeones, es un tema dirigido a los padres de familia que se han propuesto criar a sus hijos para vencer los obstáculos que este mundo difícil les ofrece.

     Hoy como nunca ser padre requiere una vocación de tiempo completo. Los padres que realmente quieran criar campeones, criar hijos que puedan hacerle frente a las diferentes problemáticas que atraviesen en su vida, prepararlos para la victoria, tienen que estar comprometidos.

     El mejor ejemplo es aquel atleta que corre, que juega o practica algún deporte con la finalidad de ganar. Obviamente su entrenador será una pieza clave: será la persona que está detrás del atleta preparándolo para vencer los obstáculos, incrementar su capacidad y finalmente impulsarlo a la victoria.

     De la misma manera ocurrirá con el padre que quiera criar hijos campeones que puedan triunfar en este mundo. Se requerirá toda tu capacidad, toda tu inteligencia, todo tu esfuerzo, toda tu voluntad, y todas aquellas herramientas de las cuales puedas echar mano para ayudar a tus hijos en esta gran labor.

     Con tristeza y por desgracia sabemos que muchos padres de familia piensan que sus hijos se crían solos y que aprenden con los golpes de la vida; otros padres piensan que los amigos son los mejores consejeros de sus hijos, y finalmente otros delegan la educación de sus hijos a terceros.

     Pero el diseño original de la familia dicta que son los padres aquellos que tienen la autoridad moral para poder guiar a sus hijos y prepararlos mejor que ningún otro ser en la tierra.

     Lo primero que debes entender el día de hoy es la importancia de tu responsabilidad para criar hijos que puedan ser verdaderos campeones.

     En mi experiencia de más de 20 años de consejería y platicando también con otros consejeros familiares, creemos que la parte fundamental para criar buenos hijos, campeones, está en que tú les enseñes a establecer límites en sus propias vidas cuando son pequeños, en sus primeros años.

     ¿Qué es un límite? Un ejemplo para entender este término es el llamado límite de propiedad, el que observas en un terreno que tiene sus bordes bien trazados; sabes que no puedes traspasar ese inmueble porque es una propiedad privada, hay límites que la rodean.

     De la misma manera nosotros vamos a poner esos límites alrededor de nuestros hijos, los cuales les ayudarán primeramente a tener autocontrol, y tomar ellos su parte o responsabilidad en cuanto a sus sentimientos, conductas y actitudes.

     Recordemos que nuestros hijos no nacen con límites. Cuando ellos vienen al mundo, no tienen idea de los términos en que deben de someterse a sus padres.

Tracemos límites bien definidos

     Para lograr que nuestros hijos aprendan sus papeles y responsabilidades, nosotros como padres necesitamos establecer claros límites de cómo queremos que nuestros hijos se comporten. Tú tienes la capacidad de establecer límites en sus propias vidas.

     No se debe consentir a los niños. Quien los consiente para que hagan chifladuras, rebeldías, necedades, terquedades, los está preparando para la derrota, no está criando hijos campeones y la razón es la siguiente:

     Los niños en los primeros años de edad (1 a 6 años) no tienen razonamiento aún, apenas se empieza a desarrollar su cerebro, de tal manera que necesitan que alguien superior a ellos, en este caso sus propios padres, les enseñe lo bueno y lo malo, o sea, les limite en lo que deben hacer y lo que no deben hacer. Ellos deben aprender que es importante vivir bajo leyes. Un niño que no está bajo leyes del hogar, será propenso a nunca dejarse gobernar por nadie.

     Hay niños ingobernables porque sus padres no les ponen leyes o límites, llámalo así o mandamientos, como tú gustes, reglas de conducta en el hogar también; lo importante es que estén concientes que ellos necesitan límites.

     Si un padre de familia solamente se dedica a estar castigando a su hijo, sin explicarle hasta dónde llega su libertad, sin enseñarle que existen leyes en el hogar que debe de cumplir, entonces eso es un castigo que solamente producirá temor en el niño, quien va a obedecer por miedo, pero cuando tenga oportunidad de abandonar el nido, lo hará rápidamente.

     Además, cuando un padre regaña a sus hijos enojado, les está señalando continuamente sus faltas, culpándolos, y les habla sin amor, está preparando a esos niños para una vida débil y llena de vicios y defectos en su formación.

     Es importantísimo como padres y madres, hablar a nuestros hijos acerca de las consecuencias reales (castigos):

     “Hijo mío, yo estoy dispuesto a darte todo lo que necesitas, pero si tú no obedeces los mandamientos que te daré para tu bien, atente a las consecuencias”. Estas son las consecuencias reales. En nuestra propia conciencia está escrita la ley de aquellos mandamientos que nos gobiernan. Por ejemplo, la ley de nuestra conciencia nos dice que robar es malo, por eso las personas cuando van a cometer este acto no se dejan ser vistas, lo hacen a escondidas.

     También la ley trae consecuencias cuando la rompemos. Si tú te pasas un alto o un semáforo en rojo, el oficial tendrá el derecho de pararte y de castigarte con una multa y tú lo entenderás, ya que sabes que cometiste una infracción y mereces una sanción.

     Existe una ley y también hay consecuencias por quebrantarla. Eso deben entenderlo nuestros hijos si realmente queremos criar hijos campeones.

     En la práctica, si nuestros hijos no quieren obedecer la ley del hogar, esos mandamientos justos que los padres pueden poner sobre sus hijos para que aprendan a obedecer, entonces habrá consecuencias reales: no les daremos dinero, el tiempo que querían para estar en tal lugar se les prohibirá, tal juego, tal dulce, etc.

     Pero ellos deben conocer previamente esa ley, esto a largo plazo es mucho mejor. El sólo estarlos castigando cuando no hay ley, cuando el límite no está definido, es simplemente estarles castigando, diciendo de cosas, culpándolos sin que ellos puedan entender por qué es el castigo.

¿Por qué mi hijo se porta mal?

     Es importantísimo conocer a tu hijo. Tú debes discernir, buscar el motivo que hay detrás de la mala conducta de tu hijo: ¿por qué tu hijo se porta mal?

     Muchos niños pueden estar teniendo mala conducta desde el primer año de edad hasta los nueve, porque detrás de ellos hay una situación de estrés o ansiedad provocada, ya sea por acontecimientos familiares, hermanos que los molestan, divorcio, mudanza de casa, de escuela, de ciudad, etc.

     Lo primero que debes decirle a tu hijo cuando presenta una mala conducta es: “Estoy dispuesto a comprenderte, pero quiero preguntarte ¿qué te hace enojar, qué te hace ser rebelde, qué te hace desobedecer?” Que te responda qué le está pasando.

     Muchos padres de familia no se toman este tiempo para hablar con sus hijos y solamente los castigan. Muy mal hecho papá y mamá, recordemos el analizar qué está detrás de la mala conducta de nuestros hijos.

     Entendamos también que el niño en sus primeros años no tiene control sobre sí mismo. Va a querer agarrar el florero de la sala, subirse al sofá, derramar pintura sobre las telas, va a querer hacer y coger, tomar objetos que no le corresponden. Es obvio que él no va a entender qué está pasando en esa edad de 3 a 6 años. Simplemente se ve impulsado por sus propios deseos; quizás las emociones, lo que ve, lo que siente, empieza a descubrir el mundo, a palpar, a tocar con sus manos, a descubrir colores.

     Es ahí donde los padres debemos razonar por ellos y enseñarlos a razonar y decir: esto no se toca, esto no se agarra, esto no debe hacerse así, etc. Estarlos entrenando continuamente.

     Siempre que vayas a aplicar las consecuencias de una mala conducta a tu hijo, trata de explicarle (si ya tiene uso de razón, o está empezando a pensar), las razones por las cuales tú vas a aplicar una consecuencia, o sea, el castigo.

     Habrá cosas que a los pequeños todavía no les corresponde entender ni hacer por su edad, pero sí podemos fijarles límites aún desde edades muy tempranas.

     No lo hagas en una forma autoritaria, o intempestiva, ni en una forma donde demuestres cólera o enojo, sino más bien dales razones. También es importante que ellos comprendan que las consecuencias son el resultado de no obedecer.

     En otras palabras, si tu hija chiquita continuamente llega tarde a la hora de cenar, además no está sentada puntualmente en las comidas, no cumple con sus tareas, entonces vienen las consecuencias: perderá el privilegio de disfrutar aquellas cosas que solía disfrutar, además se le advertirá que si no llega a tiempo a las comidas entonces seguirá el castigo.

     Esto deben entenderlo tus hijos, que las consecuencias son causa natural después de desobedecer.

     Cuando nuestros hijos son pequeños es muy importante darles inmediatamente las consecuencias.

     Los años más importantes son del primero a los tres, que son formativos, así lo señalan los profesionales de la educación. Pero muchos padres desperdician estos primeros tres años, dejando que el niño haga berrinches, o que llore largas horas, o rompa lo que le da la gana; dejan que el niño haga lo que quiera.

     Existe la idea extraña y falsa en muchos padres de familia de que el niño después cambiará conforme pasen los años, pero ese es un gran error. Ten muchísimo cuidado, son en estos primeros 3 y 6años de edad donde tú deberás mostrar un cuidado sobrenatural sobre tus hijos.

     El futuro de ellos depende de cómo hayan sido formados en sus primeros tres y seis años de vida, disciplinados en su carácter, con control propio, obedientes, etc. Después de esta edad es muy poco lo que se puede lograr, créemelo.

     Una gran mayoría de padres de familia fallan en esto. Dejan que sus niños hagan berrinches, peleen, quiebren cosas, rompan toda clase de límite, lloren incansablemente y se salgan con la suya.

     Ahí está la abuelita apapachadora diciendo: “Déjalo, son niños, tú también fuiste niño.” Creo que estos consejos dañan y destruyen mucho más de lo que pueden ayudar al niño.

Obedecer es renunciar a la voluntad propia

     Quiero dar unas palabras de un eminente filósofo, quien hace cientos de años escribió acerca de la formación del carácter de los hijos, un hombre respetadísimo en muchos círculos que tienen que ver con la educación de los niños, dice así:

    “El camino normal que toman los padres es querer agradar a sus hijos demasiado, dejándolos hacer lo que ellos quieren, lo que ellos desean”.

     En otras palabras, dejan que sus hijos se vuelvan tercos y voluntariosos para conseguir lo que quieren y no les agrada ser gobernados por sus propios padres.

     Ser obediente es renunciar a nuestras propias voluntades, es importantísimo este pensamiento. Significa que la voluntad de ellos por naturaleza va a ser terca, chiflada, desobediente ya que no tienen formado todavía lo que es el juicio y la razón, son partes inmaduras en su cerebro.

     Deben aprender ellos a renunciar a su voluntad y obedecer la de sus padres. De esta manera podrán tener un magnífico autocontrol sobre sus deseos, sus pasiones y sus propias maneras incorrectas de ser.

     Es importante entonces enseñar a nuestros hijos a obedecer en esta edad ya que si no lo hacen no obedecerán la voluntad ni de sus padres, ni de sus maestros en la escuela, no querrán obedecer las leyes civiles, ni tampoco la ley de Dios.

     Siempre estarán propensos a hacer su propia voluntad y de esta manera cometer muchos actos que les van a costar y les van a doler el resto de sus vidas.

     Muchos matrimonios hoy han fracasado, terminan en divorcio, en adulterio, en alcoholismo porque los hombres siempre quieren hacer lo que ellos quieren y les da la gana. Esto es el reflejo solamente de que no fueron criados correctamente en sus edades tempranas para entregar su voluntad y hacer la de sus propios padres.

     Continúa diciendo este famoso especialista sobre la familia:

    “Debemos enseñar a nuestros hijos en una forma familiar y amorosa la excelencia de la obediencia a sus padres, que ellos no están capacitados en edades tempranas para gobernarse a sí mismos, sino que necesitan el gobierno de sus padres”.

     Debemos estar cercanos a nuestros hijos en esta fase de instrucción, que gobernemos a nuestros hijos como sus servidores, que ellos puedan percibir en nosotros ese amor dulce, verdadero, que nuestros mandamientos, límites, correcciones, realmente sean para su bien y ellos lo entiendan así.

     Merecen ser gobernados como criaturas racionales. Toda criatura que empieza a tener uso de razón se preguntará ¿por qué mi padre me pone estos límites? ¿Por qué mi madre me castiga cuando hago lo incorrecto? Ellos demandan razones. Los padres de familia deben responder a estas interrogantes.

La necesidad del amor en la crianza de los hijos

     Es gravísima la consecuencia de consentir a tus hijos. Estás destruyéndolos, es un amor falso decir: Yo le doy a mi hijo lo que él quiera y lo dejo hacer lo que a él le da la gana.” Esa es una manera muy fácil de hacer a un lado tu propia responsabilidad y no estar conciente de la importancia de criarlos.

     Ellos necesitan que nosotros les mostremos amor verdadero, todo lo que respecta a su formación debemos hacerlo en un marco de amor.

     No se trata que nuestros hijos sean criados en una atmósfera de terror, de golpizas, de castigos, se trata que sean criados en una atmósfera de disciplina, en un hogar donde hay leyes.

     “Esta es la hora de levantarte de acostarte; esta es la hora para hacer tu tarea; esto es lo que tienes que hacer: asear tu cuarto, dejar tus zapatos en su lugar, cepillarte los dientes tres veces al día, no molestar a tus hermanos, no debes mentir, no robar, deberás siempre hablar la verdad con tus maestros…” Estos son los límites y son ejemplos solamente.

     Un padre amoroso siempre estará conciente de velar porque las consecuencias sean cumplidas si un hijo quiebra cualquiera de estos mandamientos.

     ¿Cuál es el medio más efectivo para evitar que nuestros hijos se vuelvan desobedientes, rebeldes y caigan en vicios incorregibles? Los padres.

     La conclusión de un artículo de Bárbara de Foe en Octubre de 1994 en el Atlántico Mensual, fue que los padres son la respuesta para evitar que los jóvenes, y adolescentes sean víctimas de enfermedades de transmisión sexual.

     Otro estudio importante: ¿Cuál es la respuesta para frenar la actividad sexual en los adolescentes? Dicen Steven Smoe de la Universidad de Wisconsin en Madison, y Tom Loster en el Estado de Míchigan, quienes publicaron en el Journal de la Familia y el Matrimonio, que: “los valores familiares son factores importantísimos para prevenir la actividad sexual temprana”.

     Estamos hablando de científicos que toman en serio la materia de la educación de los jóvenes, adolescentes y niños. Estamos corroborando que si queremos que nuestros hijos tengan control propio sobre sus deseos, que lleguen vírgenes al matrimonio y sean libres de adquirir enfermedades de contagio sexual, los padres somos la respuesta.

     Una revisión de este estudio profesional en un período de 5 años confirma que la conclusión de Smoe y Loster es correcta. Los doctores Richard Di Blas y Sharon White condujeron la revisión de los encuentros de este estudio en su revista titulada “Adolescencia” y expusieron que:

     “Los padres que ponen límites razonables a sus adolescentes experimentarán en ellos  un menor índice de actividad sexual.”

     Pongamos atención: son profesionistas, certificando que los padres que ponen límites a sus hijos, tendrán menos probabilidades de que sus hijos se embaracen en etapa adolescente, antes del matrimonio o padezcan enfermedades sexuales.

     White y Di Blas reportan que varios estudios indican que cuando los padres no toman responsablemente su tarea, ya están prediciendo el futuro de las costumbres y vicios que sus hijos tendrán más adelante.

     Los dos padres tienen que estar en casa. Es un trabajo en equipo, papá y mamá juntos para lograr que efectivamente disminuya este daño en sus hijos.

Es importante la orientación sexual moral

     Cuando fueron preguntados los adolescentes sobre quién les gustaría que fuera su profesor en la orientación sexual, la mayoría de ellos respondieron “mis padres”.

     Pero qué triste es que muchísimos padres no quieren educar a sus hijos sexualmente. Lo ven como un tabú, piensan que despertarán cosas en ellos o que es algo morboso hablar de eso. De ninguna manera.

     Tenemos que preparar a nuestros hijos y decirles que el sexo es algo bellísimo que Dios lo ha dado para procrear, para que la pareja pueda tener mucha mayor intimidad, mucho mayor deleite dentro del matrimonio; y no hacerles ver el sexo como algo pecaminoso, sucio, envilecido, sino darles la oportunidad de llegar al matrimonio vírgenes, y de esta manera lograr mejores generaciones de padres, madres e hijos.

     White y Di Blas continúan expresando lo siguiente:

    “Las personas jóvenes que tienen valores cristianos tendrán menos actividades que les acerquen a una relación sexual. Serán jóvenes con mayores valores, con mayor autoestima, sabrán valorar el sexo para el matrimonio y no fuera de él.”

     Nos llena de emoción saber que hay esperanza para nuestros propios hijos cuando hay una educación temprana y cuando hay valores morales en los cuales nuestros hijos puedan fundar su vida, su carácter, su forma de conducirse.

     Estos dos investigadores dicen que el realizar el acto sexual antes del matrimonio hará más propensos a nuestros jóvenes a las enfermedades de transmisión sexual.

     También reveló el estudio de Smoe y Loster lo siguiente:

   “Numerosos factores que están relacionados con la relación sexual de los adolescentes, incluyen:

•    pobre desarrollo escolar

•    alcohol

•    drogas y

•    poca aspiración en sus vidas.”

     O sea, jóvenes que no tienen aspiración porque sus padres no tomaron el tiempo para enseñarles lo hermoso que es la vida y que pueden aspirar a ser realmente campeones y triunfar, y que pueden sobreponerse a mil tentaciones, dificultades y obstáculos.

     Se dice que entre los hispanos la ola de actividad sexual viene acompañada de los problemas antes citados, pero sobre todo es por causa de que la familia no está integrada, y porque no hay valores morales cristianos que puedan darle fuerza a la decisión de nuestros jóvenes a decir no al alcohol, no a las drogas, no al sexo antes del matrimonio, no a las conductas rebeldes, no a dejar la escuela, etc.

La comunicación en casa

     Una encuesta arrojó los siguientes resultados acerca de la madre de familia que es ama de casa, es decir, aquella que está en casa criando a sus hijos, y que no sale a trabajar:

     Esa madre sólo pasará 30 minutos de conversación diaria con sus hijos, de los cuales  15 hablará  ella  y  15  sus hijos, reduciéndose entonces solamente a 15 minutos el tiempo  que  tienen  los  hijos para escuchar a su madre.

     Ahora entendemos qué importante es que nuestros hijos puedan conversar con nosotros y puedan expresarnos lo que sienten, que nosotros podamos escuchar lo que ellos dicen, ésta es la clave.

     Debemos ser la persona que sabe escuchar; los niños tienen que hablar y hablar, y escuchar no es fácil. Deberás aprender a utilizar tu mente y cultivarla en la conversación.

     Cultiva tu mente leyendo libros sobre educación familiar, respetables, buenos, que te puedan ayudar a darles respuestas correctas a tus hijos. Buenas respuestas, es clave, recuérdalo. Nuestros hijos son seres racionales.

     En una ocasión fui invitado a visitar a un joven, y su abuelita se quejaba muchísimo de él, decía: “este niño es un niño uraño, nunca quiere hablar conmigo, siempre está de mal humor, siempre esto, siempre aquello…”, y yo empecé a hablar con él.

     Empezamos a platicar acerca del béisbol ya que me comentó que eso era lo que más le gustaba. Iniciamos una plática sobre la importancia de sus “home runs”, las carreras que él había realizado, las bases que se había robado, y entonces el niño mostró una atención fascinante al tema, y la abuelita quedó sorprendida y dijo: “¡Caray! Usted ni lo conocía, sin embargo ¡el niño ha hablado con usted más que conmigo en toda la vida!”

     Al retirarme le dije a la abuelita: “Es que usted no toca los temas que le interesan al niño, usted se lo pasa regañando todo el día, él está aburrido, se siente encerrado y usted no lo escucha; usted nada más habla, aprenda a escucharlo”.

     Esa sola conversación que tuve con el niño, donde aprendí a escucharlo y a interesarme en su tema favorito, en este caso el béisbol, abrió las puertas para ayudar al muchacho en una forma excepcional y razonable.

     Escuchar no es fácil porque va a tomar toda tu atención, tus oídos, tus ojos, comprometerte a responder con tu corazón los cuestionamientos que tus hijos te hagan o sus inquietudes.

Cuando los hijos no obedecen

     Muchos padres se quejan también de que sus hijos son salvajes -perdóneme la expresión- pero así se refieren para decir que no obedecen absolutamente nada, nada, nada. Y es difícil para este tipo de padres poder acercarse a un hijo así y ayudarlo.

     Si tienes hoy un hijo entre 8 y 12 años de edad que es incontrolable, sé sincero contigo mismo y piensa cuántas veces corregiste su actitud incorrecta, su voluntariedad, su terquedad, etc.

     Cuando era pequeño lo dejaste hacer lo que le dio la gana, por eso ahora es incontrolable; no falló Dios al crearlo, fallaste tú al criarlo.

     Es importante que puedas comprender las acciones de tu hijo, y cuáles son las razones que están detrás de esa conducta rebelde. Para esto debes entender que la adolescencia es una etapa en nuestras vidas difícil.

     Muchos padres tristemente en la consejería familiar y matrimonial me dicen: “Yo le di todo a mi hijo, no tengo vicios, y mi hijo de 12 años se quiere ir de la casa, no quiere hacer las tareas, es flojo, no obedece, es respondón… por qué?”

     Volvemos al punto clave: Si tú no estás dispuesto a invertir el tiempo que es necesario para criar a tu hijo pequeño día y noche en todo aquello que no es correcto en sus vidas, pues ¿qué esperas ya cuando se desarrollen y pasen por el tránsito de la niñez a la adolescencia? Llegan tal como los dejaste.

     Al llegar a la adolescencia, los niños son diferentes. Quieren abandonar su niñez, transformarse en jóvenes; tratarán de separarse de sí mismos, y buscarán también separarse de ti.

     No que se quieran ir de la casa, pero ya no estarán muy dispuestos a escucharte y van a tratar de probar el mundo ya que no les agrada la disciplina por cuanto tú no les formaste un carácter y una disciplina en su vida.

     Tu trabajo papá, tu responsabilidad mamá, para ayudar a tu hijo a través de la adolescencia es difícil. ¿Estas tú preparado para hacerle frente a la problemática de tus hijos? Recuerda lo que dice la Escritura:

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”  Pr. 22:6

     Necesitamos instruir a nuestros hijos desde que nacen con los preceptos de la Palabra de Dios, en los diez mandamientos, enseñarles que existe un Dios vivo y verdadero y un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo su Hijo quien vino al mundo para dar su vida por nosotros.

     Todo aquél padre respetuoso de la Palabra de Dios que teme y respeta a Dios y que ama a Dios por sobre todas las cosas, amará a sus hijos como a él mismo y dedicará lo mejor de su tiempo, de su esfuerzo, de sus talentos, de sus fuerzas, para educar a sus hijos y poderlos criar para que lleguen a ser verdaderos campeones.

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