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La Depresión
 

Alma abatida, ¡Ten ánimo!
 

Por: Dr. Sergio H. Canavati Ayub

La depresión afecta al alma. No olvidemos que somos seres espirituales y a esta enfermedad debemos darle también la atención espiritual que requiere. Para esto, vayamos a Dios. Con esto no deseo hablar de una religión, sino del Ser Supremo que nos creó y es sabio para ayudarnos en los problemas que atravesamos.

Miremos con atención las Sagradas Escrituras, como fuente infalible de principios morales y como fuente veraz de acontecimientos que la ciencia y la historia reconocen. Definitivamente la Escritura nos habla abundantemente del tema de la depresión, del desánimo y la tristeza profunda e inexplicable que afectan a los seres humanos, pero de igual manera nos enseña cómo actúa Dios en nuestras vidas al encontrarnos en esos momentos de angustia.

Veamos un ejemplo de cómo Dios interviene en nuestros momentos más difíciles, cuando llega el desánimo y se pierde toda esperanza. Lo encontramos en el Evangelio de San Marcos 6:46-51, donde nos narra:

“Y después que (Jesús) los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y Él solo en tierra.  Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.  Viéndole ellos andar sobre el mar pensaron que era un fantasma, y gritaron; porque todos le veían, y se turbaron.  Pero enseguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!  Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera y se maravillaban”.

Aquí hay dos cosas que quiero resaltar en este pasaje: Primeramente se nos dice que los discípulos se encontraban en una barca en medio del mar, y que el mar estaba embravecido. 

Tu vida es como esa pequeña barca que está en medio del mar; y este mar es el mundo que nos rodea.  El mundo está embravecido, cada día peor, la violencia, la crisis económica, los hogares desintegrándose, etc. El otro punto es que los discípulos remaban con gran fatiga. Esto es muy importante: les costaba trabajo remar, ¿por qué? Porque el mar estaba embravecido.

También a ti te puede costar trabajo enfrentar en este mundo los problemas, te pueden causar gran fatiga o depresión, pueden venir a tu mente muchas cosas, tu mente se puede sentir atormentada por la falta de dinero, por los problemas familiares, porque tu esposo no te ama o te es infiel, porque tienes un hijo alcohólico o drogadicto, porque te dijeron que vas a perder el trabajo, porque te han lastimado, te han herido y has guardado resentimientos.

Tal vez estás batallando contra todos los problemas del mundo tú solo y sientes que tu vida es como esa pequeña barca que se encontraba en medio del mar. La Escritura nos dice que el viento les era contrario y que los discípulos remaban con gran fatiga. 

Pero Jesús se encontraba orando en una montaña, Él estaba observando la dificultad con que ellos estaban enfrentando la situación.  De la misma manera Jesús, el Hijo de Dios, observa la dificultad con que tú enfrentas las situaciones adversas de este mundo, todo lo que se opone a tu vida.

Pongamos atención a lo que Jesús hizo cuando los vio remar con gran fatiga, batallando, afligidos: vino a ellos andando sobre el mar. Jesús vino a ellos; caminó sobre el mar. Esto lo hizo para mostrar Su gran poder, y enseñarte que Él puede ayudarte aun en la situación o problema más difícil de tu vida.

Pero observa el mensaje que dio Jesucristo a sus discípulos cuando la barca se hundía: “Tened ánimo, yo soy, no temáis”. ¡Qué precioso mensaje le dio Jesús a sus discípulos! La respuesta verdadera para la depresión, finalmente, la tiene Jesucristo: “Tened ánimo”. 

La depresión, como ya mencionamos, produce mucho desánimo, mucho temor, desaliento, tristeza inexplicable, falta de iniciativa para hacer las cosas, falta de capacidad para disfrutar, estados de ánimo depresivos, irritables, etc. 

La depresión puede llevarte a perder tu trabajo, a divorciarte, a perder tu matrimonio, a destruir tus hijos; no es cualquier cosa, es algo de suma consideración. Mencionamos el tratamiento médico, pero debes también atender al tratamiento de Dios, que te dice: “Tened ánimo, yo soy, no temáis”. 

Jesús viene a ti en el momento más difícil y oscuro de la prueba. No tengas temor, confía que Dios está a tu lado y guiará tu vida, tu barca, en medio de la prueba, sin dejarte solo.
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