El suicidio

La Biblia y el suicidio

Por: Profr. Juan C. Díaz

Vayamos a la Escritura y veamos lo que ella nos habla acerca de esto. De hecho si hacemos referencia a uno de los pilares de la ley moral de Dios que es el decálogo, los diez mandamientos, podemos llegar al mandamiento número seis que dice sencillamente: “no matarás”. La persona que está atentando en contra de su vida, está quebrantando uno de los pilares de la ley moral de Dios, y cuando la Escritura dice: “no matarás” se refiere tanto al prójimo como se puede aplicar a uno mismo. Una persona que atente en contra de su vida, lo que está haciendo es que está quebrantando uno de los mandamientos pilares de la ley de Dios, que está considerado dentro de lo que conocemos como el decálogo o los diez mandamientos.

Está comprobado que la gente que se quita la vida, realmente no lo hace porque aborrezca la vida, sino porque quiere escapar de una situación que no puede superar, no porque quisiera morir, sino porque quiere encontrar la tranquilidad, el descanso y la paz, huir de problemas pensando que la muerte va a acabar con todo, pensando que ya no tendrá dificultades, pensando que se acabarán las angustias y la aflicción con el deseo de descansar.

Pero citando una vez más a la Escritura, ella nos deja ver que si una persona recurre a este medio no va a encontrar la paz que anhela, no va a encontrar el descanso, ni va a encontrar la solución a sus problemas. La Escritura nos invita a buscar las soluciones ahora.

¿Cómo podemos encontrar la solución?

Si el problema que se sufre es con un semejante, o sea, con otra persona, debemos aprender a hablar las cosas con las personas, a resolver los problemas personalmente, a resolver las inquietudes, a enfrentar las responsabilidades con valor, a enfrentar las consecuencias de malas acciones para buscar solucionarlas, a restituir errores pasados que tal vez estaban causando conflictos de conciencia, pero que lo más correcto es ir, platicarlos y buscar soluciones, no evadirlas ni huir de ellas.

Pero sobre todas las cosas lo más adecuado es poder conocer a Dios, poder rendir nuestra vida a Él.
Hay un pasaje en la Escritura que dice: “Encomienda a Dios tu camino, confía en él y él hará”. Es decir, cuando alguien encomienda a Dios su camino, le pone a él sus preocupaciones, sus aflicciones, sus angustias, sus ansiedades, y juntamente con eso pone su confianza en él, dice la Escritura: “él hará”.

Es decir, la consecuencia de poner nuestras cargas en Dios, de poner aquello que nos está angustiando, agobiando, afligiendo en las manos de Dios, juntamente con una actitud de confianza en él, lleva como consecuencia que venga la promesa “y él hará”, o sea, que Él va a actuar, Él nos va a ayudar, Él va a meter Su mano para que podamos encontrar una solución para aquella situación.

Jesús dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas”.

El ladrón vino para hurtar, para matar, para destruir, que es lo que estamos observando en muchos hogares, en muchas vidas, en muchas personas, pero Jesucristo dice: “yo he venido para que tengas vida y para que la tengas en abundancia”, y luego hace la referencia: “Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas”.

Esto quiere decir que el Señor Jesucristo ha venido para que podamos tener una nueva oportunidad, una nueva esperanza. Si se hicieron las cosas mal, Él da la oportunidad de rectificar, de comenzar una vida nueva haciendo las cosas diferentes, actuando de una manera distinta; si en el pasado llegué a actuar incorrectamente ofendiendo, lastimando, dañando o generando malas consecuencias, ahora Él me da la oportunidad de iniciar de nuevo corrigiendo y haciendo lo contrario, recuerda sus palabras: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia”.

Y termina diciendo: “Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas”. Cuando alguien decide entregar su vida al buen pastor, confiar en Él, poner sus cargas en Él, poner sus angustias en Él, aquello que le está afligiendo, los problemas, los conflictos que trae ¿cuáles son los beneficios? En primer lugar una conciencia limpia, una paz, una tranquilidad que antes no había, una seguridad y juntamente con ello, la fortaleza de Dios para que usted pueda ahora afrontar todas las circunstancias con fuerzas renovadas y con una certeza de que Él va a estar con usted.

Termino diciendo lo siguiente: no recurramos a la puerta falsa, no recurramos a esa alternativa que no va a dar ninguna solución, si usted ha intentado o ha pensado en esto, no lo haga, mejor vaya a otra puerta: Jesús dijo: “Yo soy la puerta, el que por mi entrare será salvo, y entrará y saldrá y hallará pastos”.

Es decir, hay dos puertas delante de nosotros, una puerta falsa y otra puerta que es Jesucristo y él dice que el que entre por él será salvo. Salvo de problemas, salvo de angustias, salvo de tribulaciones, salvo de dificultades, salvo de conflictos. “Y entrará y saldrá y hallará pastos”, que es figura de alimento para fortalecer nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestra mente. Esta es la puerta correcta. Que Dios le bendiga.

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